jueves, 21 de diciembre de 2006

Razón de vivir

Hoy llevé la gorda al jardín después de varios días sin ir. Me encanta cómo la vienen a recibir algunas compañeritas que la agarran de la manito y le avisan a la seño.
No durmió todo lo que necesita y me costó despertarla. Estoy preocupada porque "siente" todo lo que está pasando. Está muy llorona, demandante, pide cosas para comer (o abre la heladera) compulsivamente y después las deja, quiere estar todo el tiempo sobre mí o sobre el padre y necesita saber donde estamos y qué hacemos, como si temiera ser abandonada.
Intuye que me han hecho elegir entre ella y mi mamá y parece, pobrecita, que estuviera haciendo campaña en favor de sí misma para mostrar que simpática, compañera, buenita, solidaria es. Mami, elegíme a mí! No necesita hacerlo: ella es así naturalmente, es una linda personita.
Hoy estuve más cansada que de costumbre y como no me dejaron plata (algo que ocurre con asiduidad) no pude ir al super y no hice de cenar a la hora que se espera. Me tiré en el sofá (lo que tampoco hago seguido) y me quedé mirando dibujitos y haciéndonos mimos con la nena. Qué placer!
Le pregunté si le gustaría ir a visitar a la abuela y me dijo que si. Después me preguntó: "vamos en avión, mami?"
Le compré un brillo de labios de frutilla porque el frío se los paspa y está enloquecida. Va a cada rato a ponérselo. Ya lo partió de tanto abrirlo.
Y cómo habla con las vecinas! Como un adulto! Cuando vamos con alguien en el ascensor charla como uno más. "Y el perrito donde está?" "Voy a la escuela". "No hay que comer chocolate y caramelos porque son malos para los dientes". Y ella las hace reir.
Es mi razón para celebrar Navidad. Por eso colgé en la puerta el Papa Noel que hizo en el jardin y mañana terminaré de armar el arbolito. Cuesta, pero sus ojitos de felicidad no se comparan con nada de este mundo.

Gracias, Dios mío!

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