lunes, 25 de diciembre de 2006

Noche de Paz

Este 24 de diciembre fue la primera Nochebuena en que mi hijita celebra participando y no sólo por los regalitos que esperaba de Papá Noel. Ella sabía que era un "cumpleaños" (hasta quiso inflar unos globitos!) y tuvo espíritu de cumpleaños: estuvo contenta, comió y bebió de todo, cantó, bailó y se rió todo el tiempo.

Nos alegró la noche. Me da la impresión que para su papá también fue la primera Nochebuena festiva de su vida. También fue nuestra primera Nochebuena celebrada en familia con espíritu navideño, mesa bien arreglada, comida linda, velitas, etc. En otras ocaciones siempre pasó algo que boicoteó mis ilusiones. Esta vez no. Bueno, casi.

Como la gorda estaba ya medio cansada después de cenar y supuse que no llegaría a medianoche despierta, se me ocurrió decirle que, por ahí, si Papá Noel tenía mucho trabajo venía antes. Salí a tomar aire y al volver le conté que lo había visto pasar en el trineo con renos y todo y que me había hecho señas con la mano que en "cinco" minutos pasaba. La nena estaba recontenta.

En el momento crucial (o por serlo) le agarraron ganas de ir al baño, lo que aproveché para dejar la bolsa con los regalos en el pasillo. Hice sonar el timbre como en mis mejores épocas de tía-solterona-que-se-ocupa-de-los-regalos en casa de mi madre. Cuando volvemos al comedor le digo a mi consorte "quién tocó el timbre?", "nadie, yo no escuché nada", me dice el paspado. "Si, alguien tocó el timbre". "No, yo no escuché nada" insiste con cara de póker el papafrita, al que unos minutos antes le había advertido de aprovechar el mutis de la nena para que aparecieran los regalos. Yo ,ya para esto caracúlica, salgo al pasillo y le aviso a mi nena que había una bolsa.

Lo tomó con tanta naturalidad como si lo hubiera hecho durante toda su vida. Y a medida que iba abriendo sus pequeños regalitos a mí se me iba pasando la bronca. Qué felicidad verla! Qué placer repetir con mi hija ese ritual familiar de Nochebuena con los más chiquitos.

Al escribir esto reparo en que, tal vez, su papá no intentó intencionalmente hacer fracasar la sorpresa ni que tampoco su mirada torva cuando abríamos los regalos fue por malos sentimientos. Tal vez no se dio cuenta que para mí eso no tenía nada de éxito personal, era por la nena, lo hice por ella. Tal vez porque simplemente nadie a él en su infancia lo hizo ilusionar ni alimentó sus ilusiones y por eso ahora su mochila es tan pesada ...

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