sábado, 23 de diciembre de 2006

La risa remedio infalible

Todas las mañanas llamo a viejita para ver como anda. Siempre trato de hacerla reir antes de cortar porque si no se queda triste. Generalmente terminamos las dos riéndonos a carcajadas. Yo también lo necesito y me hace bien.
Algunos momentos que recuerdo:

Ella: Hoy no sé que encontré que me acordé de tu marido
Yo: De mi marido?
Ella: Si, no me acuerdo que encontré.
Yo: Habrá sido un forro, mami?

Ella: Al final me cuidaba por los divertículos, por los intestinos, por esto y lo otro y mirá lo que me vengo a agarrar.
Yo: Si, viste? Toda la vida cuidándote de lo que salía por atrás y te viene a agarrar algo por adelante, mami!


O , a veces, le cuento reflexiones de la nena:

El otro día se despertó, pensó un momento y dijo: "Papi no tiene bici. Auto tampoco"

No quería levantarse para ir al jardin, entonces le propongo (conozco su lado débil) "Y si mamá te viste con la pollerita nueva y las botas de gamuza para ir?" Y enseguida abrio los ojitos y se levantó.

Mucha gente se lleva libros o revistas al baño. Bueno, mi hija ya superó esa estapa. Ella se lleva muñecos. Cuando siente el llamado interior agarra corriendo los pequeño pony, la bella durmiente u otros y se los lleva. Mientras está ocupada conversa con ellos. El otro día pasó lo que yo temía: la alita de un pegaso chiquitito se cayó adentro del pipí y tuve que dejarla todo un día en lavandina. Pero ella es feliz.


Y se va haciendo un círculo, una hace reir a la otra y así nos sentimos mejor.

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