Hace un rato salí a la puerta del edificio, como hice una semana atrás. Era casi la una de la mañana. La misma estrella del otro día estaba en el cielo. Hacía mucho frío. Justo en el momento que voy a pedir, a suplicar de nuevo ayuda, aparece alguien ...
Era una de mis vecinas con la que hace rato que no charlaba, más bien, le rehuía. "Todo bien?" "Si, si, en el futuro le contaré", le dije.
Se dio cuenta que algo me pasaba. Charlamos un rato en la vereda. Le conté parte del problema actual.
Yo no lo busqué. Ella tenía ganas de escucharme a pesar de la hora y del frío. Creo que nos hizo bien a las dos.
Mi vecina es una persona muy espiritual. Nada que ver con la gente que conozco aquí. Me da la impresión que se siente más sapo de otro pozo que yo en este lugar y eso que es de acá.
Me brindó su opinión objetiva acerca de lo que le conté. Estuvo bien, entendí varias cosas y confirmé otras. Al despedirnos reconoció que la forma de "sentir" la familia es distinta para nosotros los del sur.
También, como otras veces, me invitó a que le toque el timbre si necesito algo, que ella no lo va a hacer porque no me quiere invadir, pero que yo estoy invitada a golpear su puerta.
Tal vez contribuya o no este encuentro para hallar una solución. No lo sé. Pero ese abrazo del alma, el primero que he recibido aquí, significa mucho.
Entonces, de nuevo GRACIAS!
domingo, 17 de diciembre de 2006
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