sábado, 9 de diciembre de 2006

BAUTISMO

Hace algunos años, cuando participaba de una experiencia con gente de la Tercera Edad, un señor encantador llamado Tulio utilizó una frase que hasta entonces yo desconocía. "Llegaste a la aguada", me dijo.
El me aclaró en ese momento que era común utilizar esa expresión en el campo cuando alguien arribaba a un lugar donde era bienvenido, donde podía estar a gusto con buena compañía, donde podía reposar y beber agua después de un largo viaje.
Me sentí muy bien al escuchar eso porque era su manera de decirme que me aceptaba, que me consideraba amiga.
Desde entonces --y más en esta época de mi vida-- he estado caminando mucho para alcanzar ese "lugar".

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